Lo que sé que sé (Parte I)

27 09 2008

En entradas recientes hablaba sobre aquello que sé que sé, sobre aquello que sé que no sé, sobre aquello que no sé que sé y sobre lo que no sé que no sé. Acontecimientos de los últimos días me han hecho reflexionar sobre cómo de axiomático debe ser lo que sé que sé.

Las responsabilidades del Analista Funcional deben ir más allá de volcar lo que sabe que sabe en requisitos:

  • Durante el Análisis de los requisitos, tras la captura de los mismos (tras la definición de lo que se sabe que se sabe), las responsabilidades del Analista Funcional podrían resumirse en la verificación de cómo de realistas son estas necesidades y expectativas volcadas en requisitos, en la priorización de los mismos y en la identificación de problemas como ambigüedades, inconsistencias y escenarios mal negociados que hagan peligrar los alcances y los propios planes de hitos.
  • Tras el Análisis de los requisitos, comienza una iteración de especificación y refinamiento de los mismos: los requisitos continúan tomando forma, permitiendo a los individuos involucrados añadir detalles (que en fases previas eran impensables) sobre los distintos modelos y reglas de negocio, casos de uso (o historias de usuario, o escenarios funcionales, etc.) y prototipos (en papel, no ejecutables). También es en esta iteración cuando comienza a tener sentido la gestión del cambio (en base a mecanismos de trazabilidad entre artefactos de Análisis), e identificar la forma en que se han de satisfacer ciertas necesidades de información mediante la integración con aplicaciones y procesos existentes (en el mejor de los casos, cajas negras mantenidas por terceros).
  • Tras esta iteración de especificación y refinamiento, se lanza la verificación y validación de lo especificado: los distintos individuos involucrados validan que su visión inicial del negocio es la que se refleja en los flujos generados y que los detalles son exactos y completos, para asegurar que el sistema a construir se ajusta (desde su concepción) a las necesidades deseadas, incluso en materia de integración con sus entornos de trabajo.

Algunas de estas responsabilidades parecen requerir además de la colaboración de otros perfiles del equipo, más teniendo en cuenta el skill del Analista Funcional (del que hablaremos en futuros post). De lo contrario …

  • ¿Cómo de idónea será la identificación de ambigüedades que realice el Analista Funcional? No perdamos de vista que el cliente final del Análisis es el propio equipo de desarrollo (ajeno a los procesos anteriormente descritos), y que siempre existirá una porción de información que no sabrás que no sabías (de hecho, los propios individuos involucrados en el proceso de toma de requisitos tampoco sabrán que no sabían, de ahí que antes hablase de visión inicial).
  • ¿Cómo de idónea será la negociación y priorización que lleve a cabo el Analista Funcional sobre cada una de las necesidades detectadas? Del conjunto de necesidades se han de distinguir aquellas que impactan transversalmente en el negocio de las que simplemente quedarían bien. Tal vez en esta cuestión el Analista Funcional con su skill tenga mucho que aportar por su papel de interlocutor, pero no perdamos de vista que la viabilidad, el esfuerzo y el impacto final de cada requisito está en la mente del propio equipo de desarrollo (naturalmente hablo de equipos de desarrollo relativamente auto-organizados, experimentados y disciplinados).

El equipo, la comunicación y la colaboración sencilla y eficaz son la clave de este proceso, aunque le pese a Confucio y a uno de sus proverbios más citados: saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber.





Lo que sé que sé (Parte II)

24 09 2008

Estas conclusiones apuntan a que los procesos de definición y gestión de requisitos pueden mejorarse enormemente aplicando ciertas buenas prácticas (inspiradas por valores). En el lugar donde trabajo intentamos día a día refinar y mejorar nuestros procesos, y creo que empezar por adoptar ciertas ideas de Scrum y del Product Backlog puede ser un buen punto de partida.

Sin ser un experto en metodologías ágiles, y con mucho camino aún por recorrer, sí vislumbro ciertos valores y prácticas que mejoran los procesos, y que deben acompañarlos en cada fase del ciclo de vida. Concretamente, y en las fases en las que interviene el Analista Funcional, considero interesantes los siguientes valores y prácticas:

  • Los artefactos de Análisis deben contener información viva, en continuo crecimiento y evolución, que durante el ciclo de vida se va desarrollando en paralelo con el resto de actividades; de esta forma siempre se proporcionará al cliente el mayor valor posible. Este valor es fundamental, aunque se ha de asumir que los alcances (medidos en necesidades a su vez expresadas en requisitos) son negociables.
  • La concepción del negocio por parte del cliente (su visión) ha de ser conocida por todo el equipo. Cuando esta visión sea comprendida por el equipo, sus aportaciones introducirán (o descartarán) funcionalidades, mejoras y tecnologías, permitiendo la detección y corrección de errores de forma prematura, que se incorporarán a los productos de Análisis a través de sucesivas iteraciones del proceso.
  • Como resultado de estas iteraciones, el equipo generará una visión real, aún más comprendida y compartida por todo el equipo. Este valor, a su vez, refuerza a las anteriores prácticas.

Esta es mi visión (mía, propia, particular), que espero seguir refinando y mejorando poco a poco (porque será un síntoma claro de madurez) en futuros post sobre cómo materializar estos propósitos y buenas intenciones en el día a día.